Cuando se habla de loft, resulta obligado referirse al universo de los artistas, porque fueron ellos los primeros que iniciaron la ocupación de almacenes y talleres industriales, planteando su reconversión como viviendas y estudios. Tal vez, el ejemplo más conocido sea el de Andy Warhol y su famosa “factory”, pero la mayoría de artistas urbanos han elegido este tipo de espacios para vivir y desarrollar su obra. La principal transformación en la pintura de la segunda mitad del siglo XX es el cambio de escala y en esa transformación tiene mucho que ver el traslado del estudio de las buhardillas a fábricas y almacenes en desuso. Para pintar una obra de grandes dimensiones es necesario disponer de un espacio amplio. Todavía en la actualidad, un gran porcentaje de las personas que habitan los lofts son diseñadores, fotógrafos, galeristas, pintores, escultores, arquitectos,  publicistas, etc. aunque el loft haya dejado de ser una tipología residencial exclusiva de los artistas para generalizarse como una vivienda no convencional. En la actualidad, los loft se han convertido en todo un fenómeno social que se traduce en una forma de vida vanguardista.

Los lofts son un nuevo concepto de vivienda adaptado a nuevas necesidades, donde el espacio permite disfrutar de una amplitud y luminosidad que no pueden proporcionar las viviendas convencionales. El loft nos libera de algunos de los inconvenientes de la vivienda tradicional, ampliando los parámetros del interiorismo al proporcionarnos una libertad decorativa sin precedentes. El loft presenta la principal cualidad de las viviendas del futuro: grandes espacios flexibles que pueden evolucionar en el tiempo según las necesidades de sus ocupantes.En este sentido, es habitual que  los propietarios de lofts utilicen este espacio no sólo para vivir, si no también para desarrollar su actividad profesional, logrando convertir un espacio único, en la solución idónea para compaginar la vida personal y la profesional.

En Barcelona, encontramos el Passatge del Sucre, la nueva creación del aclamado arquitecto Jordi Garcés conjuntamente con Berta Rovira, que incorpora nuevos elementos constructivos a una antigua fábrica de azúcar en el creciente distrito 22@ de Barcelona. Passatge del Sucre destaca por la conservación de muchos de los elementos estructurales de la propia fábrica, como pueden ser las cristaleras o las vigas, entre otros. Lo que en su momento fue el corazón de la fábrica, se ha reconvertido para albergar casi una treintena de lofts únicos y exclusivos. El uso de la luz natural como elemento esencial para las viviendas hace de éstas un espacio cálido y agradable. Los acabados de última generación, mezclados con los elementos originales, hacen que todo aquel que conozca Passatge del Sucre deje volar su imaginación. ¿Do you loft it?


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